Vapeo y e-Cigarettes

La España del “te dejo el Vaper 10 céntimos menos” ha fracasado

Durante años, el sector del vaper ha competido de una forma bastante sencilla: bajando el precio para vender más. Una práctica que se ha repetido cientos de veces y que ha llevado a distribuidores y revendedores a protagonizar una auténtica guerra de precios. Una carrera hacia abajo. Un constante «a ver quién lo deja más barato».

Un proveedor te ofrece un producto a un precio determinado. A la semana siguiente aparece otro: «Yo te lo dejo 10 céntimos más barato». Poco después llega un tercero y baja cinco céntimos más. Y al cabo de unos meses tienes a media España vendiendo exactamente el mismo producto, intentando ganar una operación por unos pocos céntimos, lo que realmente supone pérdidas para el  distribuidor sin incluimos los costes indirectos ( estructura comercial y logística).

Una guerra en la que todos quieren vender más sin aportar nada, incluso sin margen. ¿Por qué hemos llegado hasta aquí?

Cuando no aportas valor, solo te queda bajar el precio

Durante los últimos años, distribuidores, revendedores e intermediarios han entrado en el mercado del vaper con la falsa ilusión de que bastaba con comprar y vender para ganar dinero.

El problema es que todos necesitan dar salida al stock para continuar la rueda de comprar, vender rápido y volver a comprar. Desde los revendedores e intermediarios no oficiales hasta los distribuidores que tienen una estructura comercial y objetivos de ventas mensuales que cumplir.

Pero si todos ofrecen exactamente el mismo producto, ¿cómo consigues que el cliente te compre a ti y no al siguiente?

Si no tienes un buen sistema de logística y distribución, una web con información actualizada del stock o un proceso de compra y envío fácil y rápido, ¿qué motivos tiene un comercio para elegirte?

Fácil, bajas el precio para forzar la venta.

Cuando no tienes nada más que ofrecer, el precio termina siendo tu única arma. Y durante un tiempo puede funcionar. El problema llega cuando todos hacen exactamente lo mismo.

El vaper: una lucha continua por mantener su valor.

Los vapers de mayor demanda son uno de los ejemplos más claros de lo que ocurre cuando numerosos distribuidores comercializan exactamente el mismo producto.

Un dispositivo reconocido por el consumidor, con buena aceptación y una demanda considerable puede terminar convirtiéndose en una especie de moneda de cambio entre proveedores.

«¿A cuánto tienes este vaper?»

«Yo te lo bajo.»

«Si me compras cantidad, te quito otros diez céntimos.»

«Ese precio te lo mejoro.»

Y así, una y otra vez.

Los precios recomendados pierden protagonismo, los márgenes del punto de venta pueden verse presionados y los del distribuidor también. ¿Y quién sale beneficiado? A corto plazo, el que consigue comprar unos céntimos más barato. Pero cuando toda la cadena comercial entra en esa dinámica, la rentabilidad de la distribución puede terminar comprometida.

El problema es que, cuando un producto se convierte en el protagonista de una guerra de precios, la competencia entre distribuidores y revendedores puede terminar perjudicando también la percepción de valor de la marca.

Porque vender un buen producto no debería consistir únicamente en demostrar que eres capaz de dejarlo más barato que el siguiente.

Cuando vender barato es tu única estrategia.

Vender barato no es necesariamente vender mal. El problema aparece cuando el precio es la única ventaja competitiva de un distribuidor que no aporta absolutamente nada más a su cliente.

Más bien al contrario: una relación de compraventa, distribución y gestión administrativa torpe y lenta. Propia de otra época.

El resumen es el siguiente: estancos, tiendas de vapeo y otros comercios pueden sufrir una auténtica odisea operativa para hacer un pedido a este tipo de distribuidores. Consultar el stock, confirmar la compra, gestionar el envío, obtener la factura y recibir correctamente la mercancía puede llevar días, con la incertidumbre de no saber si llegará exactamente lo que se ha pedido.

Por ahorrarse algunos céntimos, los negocios pueden acabar perdiendo algo mucho más valioso: tiempo y tranquilidad.

Durante demasiado tiempo se ha confundido volumen con negocio. Mover muchas unidades queda muy bien y facturar mucho también. Pero vender más no significa necesariamente ganar más.

Porque vender no consiste simplemente en colocar producto, sino en construir una operación que tenga sentido para todas las partes: marca, distribuidor, punto de venta y, evidentemente, consumidor final.

Cuando uno de esos eslabones decide que su única ventaja competitiva consiste en reventar el precio, toda la cadena puede terminar sufriendo las consecuencias: marcas preocupadas por sus políticas comerciales, clientes acostumbrados a exigir una rebaja adicional, distribuidores incapaces de recuperar margen y comerciales que, en lugar de vender valor, terminan negociando céntimo arriba, céntimo abajo.

El problema de competir únicamente por precio es que siempre puede aparecer alguien dispuesto a ganar menos que tú. Y si tu respuesta es seguir bajando, al final solo te quedan dos opciones: trabajar con márgenes ridículos o buscar otras formas de recuperar lo que has perdido.

Por eso, cualquier distribuidor debería hacerse una pregunta bastante sencilla: si mañana todos tenemos exactamente el mismo precio, ¿por qué debería comprarme el cliente a mí?

Ahí es donde empieza de verdad el negocio.

La distribución de vapers necesita algo más que buenos precios.

La solución a esta guerra no consiste en dejar de ofrecer precios competitivos. Consiste en conseguir que el precio deje de ser el único motivo por el que un comercio decide trabajar contigo.

Un distribuidor moderno tiene que ofrecer algo más que un catálogo y una tarifa.

Los comercios necesitan consultar la disponibilidad real de los productos, realizar pedidos de forma sencilla, conocer su seguimiento, recibir la mercancía correctamente y acceder a sus facturas sin complicaciones.

Todo esto requiere inversión en tecnología, logística y organización. Una inversión que no siempre se refleja directamente en el precio de una unidad, pero que puede marcar una diferencia enorme en el funcionamiento diario de un negocio.

Porque la distribución moderna no consiste únicamente en transportar cajas de un almacén a una tienda. Consiste también en facilitar la vida de quienes confían en ti.

Significa tener información actualizada, procesos digitalizados, entregas fiables y capacidad para resolver incidencias. Y significa entender que el trabajo de un comercial no termina cuando consigue un pedido.

Un buen distribuidor debe conocer las necesidades de sus clientes, asesorarlos y ayudarles a tomar mejores decisiones de compra, en lugar de limitarse a ofrecerles unos céntimos menos que el competidor.

La verdadera diferencia no está solo en cuánto cuesta el producto, sino en todo lo que el proveedor hace para que comprarlo resulte sencillo.

El mercado pone las cosas en su sitio: el precio importa, pero el servicio marca la diferencia

Al final, el mercado ha terminado poniendo las cosas en su sitio. Los comercios siguen buscando un buen precio, como es lógico, nadie quiere pagar más por lo mismo.

Pero cada vez cobra más importancia contar con un proveedor moderno, que ofrezca velocidad operativa, sistemas digitalizados online de compra y stock, envíos rápidos, herramientas de seguimiento, procesos administrativos y de facturación simples, que de un excelente servicio postventa… en definitiva, que ofrezca un servicio moderno, profesional y acorde a la transformación digital que vivimos. 

Porque de poco sirve ahorrar diez céntimos en una unidad si el proceso de compra y recepción de pedido con tu proveedor es una odisea.

Los comercios no necesitan al proveedor que les venda más barato hoy, sino al que le dé el mejor servicio. Un distribuidor que le simplifique su día a día.

¿Y si descubres una forma de trabajar en la que el servicio marca la diferencia?

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